viernes, 30 de septiembre de 2011

PARA PENSAR EN OCTUBRE


En ese rincón que he llamado “PARA PENSAR…”, desde el que convoco a meditar -sin la presión del tiempo- acerca de los temas que en él deposito aleatoriamente, como salpicaduras, hoy he incluido uno nuevo para el mes de octubre.
Dado que el tema propuesto en junio para discutir no contó con comentarios -es decir, no generó debate-, en esta ocasión lo introduje en la página indicada toda vez que, insisto, considero que es para pensar...; y "PARA DEBATIR" quedó anulada.


martes, 13 de septiembre de 2011

LAS FUERZAS MORALES (Parte IV)

En los 3 últimos parágrafos del primer capítulo José Ingenieros hace hincapié en lo necesario que resulta la energía para alcanzar cualquier objetivo. Se entiende que con independencia de éste/estos. No se inmiscuye con el/los objetivo/s. Recuérdese que para el autor la experiencia social es incesante renovación de conceptos, normas y valores”; y los cambios, surgidos de renovados ideales, son producto de esa dinámica. Consecuentemente, los objetivos varían.
Nuevamente invoca a los ideales, a los que no basta con pensarlos sino que “hay que aplicar todo el esfuerzo a su realización -sostiene-. Y habla de pereza cuando no se pone la intensidad necesaria en ello (su realización), aunque advirtiendo que “energía no es fuerza bruta: es pensamiento convertido en fuerza inteligente. Pensamiento y acción son inseparables para Ingenieros; pensamiento sin acción, y viceversa, son inconducentes.
Al igual que en parágrafos anteriores, permanentemente juega en sus apreciaciones con los contrastes. Y remata el capítulo con un desafío: “Cada generación debe llegar como ola vigorosa a romperse contra la mole del pasado para hermosear la historia con el iris de nuevos ideales”, que suena más a imperativo, al agregar primero: “juventud que no embiste, es peso muerto para el progreso de su pueblo”; y más adelante:Los jóvenes que no saben mirar hacia el Porvenir y trabajar para él, son miserables lacayos del Pasado y viven asfixiándose entre sus escombros”.

Resumen.
José Ingenieros resume los conceptos del primer capítulo en la primera frase de cada parágrafo. Sin embargo, a modo de síntesis, para quien escribe puede ensayarse el siguiente arco conceptual:
·       Los ideales surgen de la fuerza moral que se inspira en el deseo de mejorar lo real. Y esto último gira alrededor de lograr la justicia social. Agrego: lograr la justicia social es lograr una Nación socialmente más justa, más equitativa, más solidaria; con mayor conciencia y responsabilidad social.
·       Dado que las fuerzas morales son modelables con el transcurso del tiempo, porque nacen, viven y mueren en función de las sociedades y su evolución, cada generación renueva sus ideales. En un perpetuo devenir. Y es la juventud la depositaria de esa responsabilidad en cada ocasión. No exclusiva depositaria, pero sí principal.
·       Hay que estimular a la juventud a que tenga ideales. Una sociedad que carece de ellos es una sociedad mediocre, que no piensa. Agrego: opaca, tan resignada como vulnerable.
·       Hay que estimular a la juventud a que se capacite. Un brazo vale cien brazos cuando lo mueve un cerebro ilustrado; asimismo, un cerebro vale cien cerebros cuando lo sostiene un brazo firme. Aunque ilustrarse no evita totalmente la posibilidad de equivocarse, impide apasionarse ciegamente. Agrego: y/o caer en la trampa de sofismas.
·       Hay que estimular a la juventud a que sea entusiasta. Por el envejecimiento espiritual y moral de las viejas generaciones, la juventud se enfrentará a bastardeados apetitos, a resistencias inmorales que apuntalan el pasado, y deberá contar con entusiasmo para abrir paso a los cambios que demandan sus ideales. Ideales sin entusiasmo son estériles. Agrego: si existe el entusiasmo los ideales se transforman en sed de cambios.
·       Hay que estimular a la juventud a que aplique todo el esfuerzo a la realización de sus ideales. Que éstos no queden en pensamiento, porque pensamiento sin acción es inconducente; lo mismo que actuar sin pensar. Agrego: para esforzarse or algo hay que desearlo, no anhelarlo. El anhelo implica una actitud pasiva, mientras que el deseo induce a una activa; habiendo deseo real y sincero habrá objetivos, y con ellos acción. Con relación a los ideales, el deseo real no es otra cosa que sed de cambios.
Es en este último punto donde José Ingenieros cierra un primer círculo; vuelve al punto “pensar”. Para el autor, la carencia de pensamiento se constituye en una de las peores carencias de una sociedad.

martes, 6 de septiembre de 2011

¿QUIÉN MANDA AL QUE MANDA? (Parte V)


J. Stiglitz - P. Krugman
La posibilidad de un default de los países líderes de la economía mundial, genera mucho temor. Bastante se habló del caso Argentina, como ejemplo que podría/debiera seguir Grecia en vez de aceptar los condicionamientos que finalmente aceptó. Incluso los economistas Joseph Stiglitz y Paul Krugman, Premios Nobel de Economía 2001 y 2008, respectivamente, insisten con que los logros alcanzados por nuestro país indican que el camino elegido es para tener en cuenta. Y los capitales se espantan… Tratan de silenciar sus comentarios tomando la medida aleccionadora de descender la calificación argentina, como lo hizo Moody’s una semana atrás. Una maniobra tan burda por carecer de todo sustento que hasta los opositores al Gobierno no tuvieron otra alternativa más que descalificar la medida.
EEUU tampoco escapó a la crisis de las deudas ni a la posibilidad de una cesación de pagos parcial. Uno se pregunta cómo es posible si a ese país se lo tiene como la potencia económica por excelencia por el volumen de riquezas que se supone genera a uno y otro lado de sus fronteras, cuya moneda constituye el patrón monetario mundial y su voz resulta de las más influyentes en los organismos internacionales desde donde impone en gran medida su voluntad. Sucede que, en determinados niveles, el capital no tiene patria ni bandera. Sólo intereses. Y el gobierno de los EEUU, evidentemente, también puede quedar atrapado en las maniobras de las corporaciones y expuesto a la voluntad de ellas y la de sus representantes. He aquí el por qué del título de esta serie de notas.
Si bien el sistema político desde los años ’80 había renunciado regular las corporaciones financieras, en virtud de una ley de reforma de Wall Street aprobada hace un año una auditoría integral realizada por la Oficina Gubernamental de Rendición de Cuentas (GAO) permitió saber que la Reserva Federal (Fed), desde el 2007 a esta parte, suministró más de 16 billones de dólares en asistencia financiera a algunas de las más grandes corporaciones e instituciones financieras de los EEUU -más de las tres cuartas (¾) partes de esa suma- y del resto del mundo; cifra 10% superior al PBI 2010 de los EEUU; cifra similar a su deuda pública total, empleada secretamente en rescates aparentemente fraudulentos y muy beneficiosos para los tomadores de ese dinero.
A pesar de ser el Banco Central de los EEUU, contrariamente a toda lógica democrática la Fed no está obligada a rendir cuentas ante ninguna instancia de control democrático dado su carácter de entidad autónoma; es decir, en la práctica, su carácter privado. Carácter similar al que pretendía dársele a nuestro Banco Central, desde algún sector político, cuando los vientos privatistas corrían por nuestro país y sonaban los cantos de sirenas en favor de un Estado ausente.
Por eso la Fed pudo hacer lo que hizo. Incluso ni siquiera está obligada a acatar las recomendaciones que la GAO formuló.
Sólo un senador, Bernie Sanders, se manifestó en relación a lo sucedido. Dijo: “Esto es un clarísimo caso de socialismo para los ricos y descarnado individualismo tipo “sálvese quien pueda” para los demás”.
Que el Informe de la GAO fuera prácticamente silenciado por la prensa y la reacción del Congreso, que en cualquier parte significaría un escándalo, haya sido el mutismo, pone en evidencia que la crisis por la que atraviesa actualmente los EEUU también es política. El presidente demócrata debe lidiar con un Congreso en el que imperan insensibles e intransigentes demandas republicanas. Y la prensa… ¡sabemos quiénes son y qué representan los medios de comunicación en el sistema global tal como hoy está estructurado!
Que la auditoría de la GAO haya dejado al descubierto que una cifra así, billonaria, haya sido destinada en beneficio de las corporaciones financieras mientras la crisis avanzaba sobre la sociedad estadounidense, hundiendo en la pobreza a los sectores más desprotegidos –y a los hasta ahora no tanto-, lleva mínimamente a reflexionar sobre la desigualdad en la distribución de los esfuerzos requeridos para enfrentar la crisis.
El hecho por sí mismo no es menor, pero lo es menos si se tiene en cuenta el crecimiento de la pobreza durante los últimos años. ¡Allí, en los EEUU! Aunque sea una realidad que no muestran los folletos turísticos ni muchas series de TV ni películas de Hollywood, las cifras son elocuentes: actualmente 46 millones de americanos reciben asistencia vía cupones destinados a asegurarles un umbral de alimentación, siendo la masa de beneficiarios un 74% superior a la del año 2007. Una de cada ocho personas y uno de cada cuatro niños dependen de esos cupones. Es que poco antes de asumir el presidente Barack Obama (enero 2009), el desempleo se ubicaba en el 6,5% -es decir, más de 10 millones de personas- y hoy alcanza el 10%, con un desempleo juvenil superior al 25%. Y suman 200.000 las ejecuciones mensuales de hipotecas; aquellas hipotecas…
La pulseada derivada del posible default, entre presidente y Congreso, terminó en acuerdo para aplicar un duro programa de ajuste fiscal que alcanza los 2,5 billones de dólares sin que el mismo afecte al gasto militar y su eventual aumento. Una reducción de gastos para achicar el déficit que durará una década, según lo anunció el mismo presidente, y en la que Equidad continuará ausente a la hora de los esfuerzos. Para no ser menos que el viejo continente, que cada vez está más desunido y menos solidario, donde los países más ricos cuestionan que tengan que ayudar a los menos ricos, aunque ninguna asimetría importaba cuando pugnaban por hacerlos parte del bloque regional, atarlos a sus políticas y hacerles dejar su moneda propia.
Los “cupones de comida” serán recortados a pesar de las objeciones de distintos organismos internacionales. Lo mismo sucederá en salud y educación.
Medicare fue una aspiración no alcanzada por William Jefferson "Bill"  Clinton (1993-2001), que sí logró la actual administración y se verá afectado por el ajuste. Se trata de un programa de salud pública, larga y fuertemente resistido por los republicanos, que beneficia a aproximadamente 35 millones de norteamericanos que no contaban -y dentro de poco, quizás, nuevamente no cuenten más- con ese tipo de cobertura; programa que demanda asignaciones presupuestarias significativas por los tradicionalmente altos costos de la salud.
Es que el de la salud es un pingüe negocio de los laboratorios, las empresas de salud, etc.; es decir, de los privados. Y, para algún sector de la sociedad, las arcas del Estado están para cosas más importantes; por ejemplo, como se vio, rescates financieros. También para cuestiones que huelen a pólvora, porque cuando el olor a pólvora y muerte se disipa el ambiente se impregna, casi mágicamente, del perfume que ellos consideran el más seductor: el del petróleo. Afganistán e Irak insumen 9.500 millones de dólares mensuales; el 9,6% del presupuesto de Defensa, que puede incrementarse según las condiciones del futuro ajuste fiscal. Libia, a la vista…
¿Quién manda al que manda?

viernes, 2 de septiembre de 2011

PARA PENSAR EN SEPTIEMBRE

En ese rincón que he llamado “PARA PENSAR…”, desde el que convoco a meditar -sin la presión del tiempo- acerca de los temas que en él deposito aleatoriamente, como salpicaduras, hoy he incluido uno nuevo para el mes de septiembre.

martes, 30 de agosto de 2011

¿QUIÉN MANDA AL QUE MANDA? (Parte IV)

Al hablar de la crisis de las deudas a la que llevó la financiera no se hace referencia directamente a la incapacidad de cancelación por parte de los deudores originales de las hipotecas de alto riesgo, sino a la exposición de los países por contar con bonos en cartera, vinculados a aquellas, que la ensucian y los pone -o se supone que los pone- en dificultades para afrontar sus obligaciones.
El tema de los deudores originales es tema terminado. Los emisores de las hipotecas subprime transformaron las mismas en bonos, los bonos fueron transados en el mercado financiero y, como eran basura, generó el salvataje desenfrenado incrementando antiguas deudas, o causando nuevas, que alguien tiene que pagar. Porque nadie regaló ese dinero. ¿Quién resulta que debe pagarlas? Se las hacen pagar a los pueblos, con ajustes fiscales. ¿Por qué? Porque las cuentas no cierran. ¿Por qué no cierran? Porque los países alcanzaron niveles de endeudamiento insostenibles y no tienen la capacidad de generar suficientes riquezas genuinas como para atender los presupuestos internos y los pagos de la deuda a la vez. O marcharían hacia niveles de endeudamiento insostenibles con los nuevos préstamos que deben tomar para pagar lo que ya deben pagar. ¿Por qué esa incapacidad? Principalmente porque en las últimas décadas prevaleció la cultura financiera. ¿Y por qué la factura se la hacen pagar a los pueblos si la fiesta fue de otros? Porque las deudas terminaron pesando sobre los Estados.
Paradójicamente quienes determinan la confiabilidad de las deudas de los países son las agencias evaluadoras de riesgo; aquellas responsables del génesis de esta nueva crisis: las hipotecas subprime. En esta ocasión sus evaluaciones y el déficit público son los que legitiman los ajustes de las cuentas fiscales, convalidados por el FMI -otro objetado-, a favor de las demandas del establishment financiero.
Al momento de ajustar, la receta sigue siendo la misma: recorte de gastos -especialmente programas sociales- y enfriamiento de la economía. Los países siguen atados a la lógica del capital financiero; lógica al servicio de las políticas neoliberales que no ceden un ápice en su voracidad.
Para esa lógica, escapar a una cesación de pagos está por encima del daño social que puedan producir los ajustes que impone para evitarla. El hecho que la evolución de la tasa de desempleo no produzca preocupación sobre el destino de las economías y sí los indicadores de deuda, demuestra la hegemonía de las finanzas y la especulación sobre la producción y el trabajo; en definitiva, sobre las personas y su dignidad.
Se supone que las sociedades afectadas por los ajustes recesivos tienen un determinado nivel de saturación, que se constituiría en el punto de inflexión del neoliberalismo; aunque, por otro lado, hay quienes sostienen que no. Para quienes confían en su existencia, las incógnitas residen en dónde se ubica ese nivel –es decir, hasta dónde aguantarán esas sociedades-, con qué fuerza se expresará el descontento y qué cambios podrá provocar. Y quienes descreen de la posibilidad de una transformación, basan su argumento en contrario en que el neoliberalismo fue instalado con mucha fuerza en la sociedad, logró colonizarla e instaló el individualismo en detrimento de las organizaciones gremiales y los movimientos sociales que, en definitiva, son los sectores desde los que provienen naturalmente las luchas por las reivindicaciones.

Una de las consignas de los 15-M
 Lo cierto es que España, cuya tasa de desempleo asciende al 24%, ya empezó a manifestarse con el Movimiento 15-M -conocido así por la fecha en que surgió: 15 de mayo (2011)-; o “los indignados”, como se los conoce popularmente. Grecia, país en el que la desocupación creció hasta llegar actualmente al 15%, explotó ante el anuncio de las medidas tomadas por el Gobierno, que cedió a la presión de acreedores y organismos e hipotecó a las próximas 3 generaciones. Lo llamativo es que, en ambos caso, los Gobiernos son socialistas y priorizaron al mercado ¡…! Debilidad política o fragilidad ideológica.


UK en llamas. Días de furia
 No son los únicos países que anunciaron ajuste fiscal ni que cosechan malhumor social. A la ola se subieron Italia, Francia, Inglaterra y EEUU, entre las economías más fuertes. Alemania, aprieta.
Todas esas sociedades protestan pidiendo cambios, no todas tienen propuestas. El caso extremo: Inglaterra; sólo furia.
Enfriar las economías traerá aparejado mayor desocupación, congelamiento de remuneraciones -cuando no disminución- e incremento del empleo precario, lo cual, sumado a los recortes a programas sociales, derivará en retracción de los mercados; es decir, recesión. De lo que hay que protegerse es de una posible recesión global. Es lo que hoy procuran hacer tanto el Gobierno argentino en lo local como la Unasur en lo regional, anticipándose a la tormenta que asoma.
“Actuar con la lógica de los mercados es darle de comer a la bestia, que se hace más fuerte y más furiosa y se lleva todo puesto”. Son palabras del Ministro de Economía, Amado Boudou, quien opina que los países inmersos en la crisis están errando el camino.

La 5ta parte (última) de esta nota se publicará el martes 6 de septiembre

viernes, 26 de agosto de 2011

¿QUIÉN MANDA AL QUE MANDA? (Parte III)

Con anterioridad al año 2007 ya se dudaba de la capacidad técnica de las agencias calificadoras para evaluar riesgos. Con la crisis hipotecaria y su derivada se demostró sobradamente; y se sumó la incapacidad de las mismas para prever situaciones que puedan derivar en crisis. Aunque luego, esas incapacidades viraron a condición de supuestas debido a ciertos sucesos y declaraciones que dejaron al descubierto los conflictos de intereses que genera el hecho de no ser contratadas por quienes quieren comprar los títulos sino por quienes desean colocar deuda.
No obstante ello, las agencias continúan operando a gusto el humor de los mercados financieros en el mundo. Sus observaciones siguen teniéndose en cuenta. Y, en cierta forma, directa o indirectamente, influyen en la suerte y el destino económico de los países. Desde hace años lo sabe muy bien la Argentina; ahora la Eurozona y hasta los mismísimos EEUU.
A nuestro país lo persiguió la sombra de la evolución de la calificación -o los argentinos nos perseguimos con ella-, hasta que el Gobierno decidió renegociar la deuda y afrontar sus compromisos sin recurrir al financiamiento externo; es decir, desendeudándose.
La arbitrariedad de las agencias quedó demostrada una vez más cuando Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch elevaron la nota de la deuda argentina a “B”, habiendo tenido nuestro país 7 años de crecimiento sostenido, con superávit gemelo -fiscal y comercial- y con una exitosa política de desendeudamiento. Recién en ese momento lo consideraron suficiente -y sólo para subirla nada más que un escalón en la calificación-, mientras que, por otro lado, algunos países centrales se derrumbaban pero la calificación de su deuda hasta el momento no variaba.
Ahora sí lo hizo. Y la susceptible Unión Europea alertó que el accionar de las calificadoras está poniendo en riesgo a toda la región ¡…! y proponen eliminarlas ¡…!. ¡Lo hace recién ahora, cuando “el accionar” -léase: las calificaciones- de ellas afecta -léase: toca- a los países de la Eurozona! Es que, por ejemplo, los de Portugal e Irlanda acaban -en el mes de julio- de ser calificados como “bonos basura”. Y eso les molesta.
EEUU no quedó exento. A la deuda de ese país la bajaron un escalón en su calificación. Y Obama también se ofuscó.
¿Y los lineamientos para las transformaciones que consideró necesarias el G-20, que en virtud de lo sucedido acordó en su cumbre del año 2008 llevar a cabo? Bien, gracias. Hasta el momento, pura retórica. No se fijaron nuevas reglas para el accionar de las agencias, ni los gobiernos que las regulan se aseguraron de que esas se manejen con los más altos estándares de calidad; tampoco se crearon mecanismos que permitan visualizar a tiempo situaciones indeseables. Menos que menos se impulsó la creación de algún tipo de control con reguladores estatales. Es que, en definitiva, las agencias o son parte o son mandatarias del establishment financiero; y el establishment financiero no se toca. Por ahora…
Llegada la hora de las críticas éstas recayeron también sobre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). En el seno del G-20 comenzó a percibirse una cierta coincidencia acerca de que, tal como viene funcionando, el FMI no le sirve a nadie. En tal sentido, nuestro país ha insistido con que ese organismo debe dejar de inmiscuirse en decisiones internas de política económica de los países y dejar de condicionarlos de forma asfixiante. Incluso las naciones en vías de desarrollo reclaman una reformulación de su estructura de funcionamiento, que les permita tener mayor participación en la conducción y más poder de voto.
La inclusión del FMI y el BM en el temario de las cumbres del G-20 coincide con una nueva mutación de la crisis.
Cuando ya nada podía hacerse para tapar la burbuja especulativa de las hipotecas, porque explotó, y comenzó el salvataje desenfrenado del sistema financiero sólo tapando agujeros, sin medir consecuencias y actuando exclusivamente con la lógica de los mercados, pareciera ser que nadie percibió que el problema que se estaba generando con las deudas tarde o temprano pasarían a ocupar el centro de las dificultades de la economía mundial. Y sucedió. A la crisis financiera la siguió la crisis de las deudas.


La 4ta parte (ante-última) de esta nota se publicará el martes 30 de agosto

martes, 23 de agosto de 2011

¿QUIÉN MANDA AL QUE MANDA? (Parte II)

Las hipotecas subprime son hipotecas consideradas de riesgo por quien la concede, orientadas a una clientela que, por diversos motivos, no reúne las condiciones que la plaza bancaria exige para otorgar ese tipo de crédito. Quienes se dedican a este negocio son organizaciones financieras que aplican una tasa de interés superior a la del mercado; negocio bastante rentable en escenarios de tipos de interés bajos, porque el cliente tiene siempre la intención de pagar y no perder su casa, al igual que los deudores comunes. Dado que no existen avales, el problema viene cuando los tiempos no acompañan.
Como las hipotecas subprime pueden ser objeto de compra-venta mediante bonos o titularizaciones de crédito, las entidades concesionarias las transferían bajo esos instrumentos. Los compradores: fondos de inversión, planes de pensiones, bancos y particulares.
Primera mutación.
La crisis hipotecaria se hizo presente con el crecimiento de los índices de morosidad. Tuvo su origen en la burbuja especulativa ligada a los activos inmobiliarios que se generó por la liquidez sin precedentes del período 2001-2007; su germen en la codicia por las tasas de interés muy superiores a las del mercado; su caldo de cultivo en la incorrecta valoración de los riesgos, la sobrevaluación de los inmuebles hipotecados y, en algunos casos, los plazos de repago que excedían el ciclo natural de vida de los deudores; y la trampa en la escasa información a los inversores y la falta de mecanismos que permitieran visualizar a tiempo situaciones irregulares.
Una vez declarada, la crisis mutó a financiera. Primero afectó al sistema estadounidense y después al internacional. Se tradujo en quiebras, derrumbes bursátiles y deterioro de la economía global.
Según George Soros -gurú de las finanzas, ahora retirado- el estallido de la crisis financiera de 2008 puede fijarse oficialmente en agosto de 2007, momento en el que los bancos centrales decidieron intervenir inyectando fondos a los bancos.
Esas primeras ayudas no resolvieron la iliquidez. Los mercados de crédito en general se paralizaron; los interbancarios también, toda vez que nadie sabía cuántos malos préstamos podrían tener en cartera los tomadores. Y como la falta de crédito traía consigo la amenaza de recesión, más quiebras, desempleo y, consecuentemente, incremento del costo de la vida, las autoridades económicas recurrieron a otras medidas adicionales tendientes a mantener la solvencia, restablecer la confianza entre -y en- las entidades bancarias y financieras y tranquilizar a las bolsas y a los ahorristas. ¿Cuáles? Nacionalización de bancos, ampliación de la garantía de los depósitos y creación de fondos para la compra de Activos dañados.
Las agencias en el ojo de la tormenta.
Esta crisis comenzó a formar parte del temario del Grupo de los 20 (G-20); grupo de países que, en conjunto, representan el 85% de la economía mundial. Y lo mismo sucedió con las agencias calificadoras de riesgo; o “agencias descalificadoras”, como las rebautizó la presidente argentina en una de las cumbres, aunque por cuestiones relacionadas con la deuda argentina. En este caso fueron sentadas en el banquillo de los acusados por su pésimo desempeño, tanto para calificar las deudas como para prever la eclosión.
Con relación a la calificación de las deudas, por ejemplo, los ex empleados de Moody’s denunciaron connivencia con los bancos. Moody’s se equivocó groseramente en la nota a títulos vinculados con préstamos inmobiliarios; durante el 2006 atribuyó riesgo cero (nota “AAA”) a más de 9.000 títulos que representaban unos 869.000 millones de dólares, y sólo el 17% de ellos logró mantener ese status..
La mayor demostración de cinismo la brindó Warren Buffet, el principal accionista de Moody’s (13% de las acciones), quien aseguró que no utiliza las calificaciones para sus inversiones sino que, para lograr buenos negocios, deposita su confianza en las equivocaciones de la agencia.
Con relación a la incapacidad -¿…?- para prever la eclosión, por ejemplo, las rebajas en las notas de parte de las agencias se conocieron siempre después de que alguno de los emisores de la deuda calificada denunciaba la imposibilidad de afrontar sus compromisos; o declaraba su bancarrota.
Hay quienes coinciden en que uno de los costados débiles de las agencias es el conflicto de intereses que se plantea por el simple hecho que la calificación la paga el emisor del título. En tal sentido, en algún momento se sugirió que las calificaciones deberían pagarlas quienes compran los títulos y no quienes los emiten. Pero la idea no prosperó -¡¿…?!-.


La 3ra parte de esta nota se publicará el viernes 26 de agosto