martes, 12 de noviembre de 2013

ALGÚN DÍA...



Mientras esa parte de la sociedad que no toma el problema de salud de Cristina Fernández de Kirchner como una especulación política del kirchnerismo se mantiene expectante, pendiente del regreso de la primera mandataria a la actividad gubernamental, “la radio no descansa en su intención de demostrar que todo está peor, que es una ingratitud este país del sur”. Y no sólo la radio.
El viernes que estrenamos nuevo mes, siete periodistas tuvieron su audiencia con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Allí plantearon su temor por la salud, no de la Presidente sino  de la libertad de expresión. Lo mismo que aquí mienten en cuanta oportunidad les venga en gana y en cuanto búnker (muchos, demasiados) los grandes multimedios locales que ahora tendrán que aggiornarse, a los que responden, les ponen a disposición; mienten y lo repiten con idénticas restricciones (ninguna) con las que blasfeman; o fabulan con cualquier otra cuestión.
Triste el papel que hicieron, por ridículo. Vicente Battista supo ironizar sobre ello con envidiable maestría en el artículo que se transcribe en OTRAS VOCES; aunque…, considerada desde la perspectiva de la intención, nada tiene de “triste”. El calificativo resulta benévolo. Saben perfectamente que nunca podrán decir de ahora: “una vez sufrí la desventura del censor y su feroz censura”, por grande que sea el esmero puesto en forzar argumentos e impostar la voz. Ni tampoco vanagloriarse diciendo: “hice un bosque de palabras que ni siquiera su aguerrida fe consiguió vencer”, porque la vida les y nos demuestra que “empecinada va diciendo su verdad, dura y sincera”. Pase el tiempo que pase, cuando la intención es noble y la tenacidad de roble, la verdad termina surgiendo.
Entonces… ¡por favor…! “no se envuelvan con banderas que escupieron con desprecio”. Hay pasados de los que la tinta y el celuloide no dejan escapar, condenan. Son banderas que no sienten, muy distintas a las “de amor que el olvido nunca pudo ignorar, ni vencer”; y demasiado iguales a las que enarbolan los escasos de convicción y excedidos de oportunismo, las “voces disconformes de este amor” que “dicen lo  mismo que nuestra diestra en cuestión”. Voces otrora camufladas. Veletas. Tal vez más peligrosas que la de los primeros.
Para ser veleta es necesario profesar el profesorado del purismo  y criticar -siempre desde afuera y sin mancharse el pantalón- a los que se embarran por hacer algo mejor de este mundo hipócrita y su vieja concepción” … “No hay enemigo más difícil de vencer que los que a siniestra parecieran compartir y se sientan siempre a la diestra a digerir” ... “Yo conozco bien a esos tipitos y el sermón que preparan siempre que presienten, como hoy, que está cerca el tiempo de cosechar todo lo sembrado a fuerza de amar y sangrar” … “Lo peor es no entenderlo, lo más triste es ignorarlo”. A este país le sobran experiencias al respecto…
A esta altura, el lector de este post se preguntará de dónde son y a qué se deben los pasajes escritos en letra cursiva y encomillados. Son una mixtura caprichosa de algunos versos de varias canciones de la última creación, el álbum “Algún día…”, de “un loco que no deja de buscar entre tantas luces, engañosas por demás, la dulce estrellita de la libertad”: Víctor Heredia, uno de los 331 nombres que figuran en esas listas negras que forman parte de la frondosa documentación de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, que recientemente se encontró sin que nadie la buscara, cuando nadie lo esperaba. Por casualidad, en un sótano. La utilización aquí de esas frases, ¿un homenaje? Póngalo en esos términos si lo desea; y agregue: a la coherencia.
Creo que está bueno recordar lo que algunos quieren olvidar, aunque sea difícil de explicar toda la violencia y el horror de los que escudados en su Dios crucificaron la paz con mesiánica crueldad y ahora tienen que pagar” ... “Yo ya puse en mi balanza la verdad y la mentira, una vuela y otra encalla como un barco en las salinas”.

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